PROGRAMAS DE INTEGRIDAD, UNA HERRAMIENTA PARA LA SOSTENIBILIDAD DE LAS PYMES


 
Carolina Echevarria

Abogada argentina egresada de la Universidad Católica Argentina con un máster en Economía y Política Internacional de la Universidad de San Andrés. Finalizó su magister con su tesis “Las Regulaciones Privadas Transnacionales como herramienta para luchar contra la corrupción en América Latina”. Actualmente se desempeña como Regional Manager para América Latina y Coordinadora de entrenamientos en el secretariado de la iniciativa global Alliance for Integrity con sede en Bonn Alemania. Carolina es responsable por las actividades de la iniciativa en ocho países de América Latina, así como por el desarrollo global del programa de capacitación “De Empresas Para Empresas”. Además, es responsable por la implementación del principio diez (anticorrupción) de la Red Alemana del Pacto Global de Naciones Unidas. Anteriormente se desempeñó como Supervisora del departamento de Legales y Compliance de la AHK Argentina. Cuenta con más de 10 años de experiencia en cooperación público-privada en el ámbito de anticorrupción, Compliance y capacitaciones especialmente diseñadas para PyMEs.

 


Introducción

Cuando se habla de “Programa de Compliance” muchas empresas en América Latina todavía lo vinculan a una responsabilidad exclusiva de las empresas multinacionales, a algo relevante solamente en Estados Unidos y Europa. El sólo hecho de que la palabra “Compliance” esté en inglés nos hace pensar que es algo nacido y diseñado para empresas extranjeras. Entonces, ¿porqué debería una PyME latinoamericana, que no tiene ninguna relación con empresas internacionales, implementar un programa de Compliance? Un programa de Compliance es mucho más que un recurso para prevenir la corrupción[1].

Es una herramienta que, bien implementada, ayuda a la PYME a profesionalizarse, a aumentar su eficiencia, transparencia y sostenibilidad.



La traducción literal de “Compliance” es cumplimiento. En sintonía con eso, los primeros programas de Compliance buscaban “cumplir” con las normativas existentes. Sin embargo, desde la aparición de dichos programas en los “United States Sentencing Guidelines, se comenzó a ver como una herramienta para proteger a las empresas.


Los programas de Compliance se utilizan actualmente para mitigar sanciones, identificar riesgos en diferentes procesos, incluir la voz de todos los colaboradores y generar un ambiente de trabajo más justo y transparente.

En la actualidad, dichos programas fueron incluidos en las normativas de América Latina. La ley chilena (Ley 20.393) -en el año 2009- fue la primera en la región en incluirlos, definiéndolos como “sistemas de prevención de delitos”. La ley brasileña, en su decreto 8420/2015, y la ley argentina (Ley 27.401) lo denominan “Programa de Integridad”. Es decir, que en América Latina para que las empresas puedan identificar dichos programas como una herramienta local, podemos dejar de hablar de Programas de Compliance y utilizar el concepto local de Programa de Integridad.



¿Por qué implementar un Programa de Integridad?

Los Programas de Integridad se conciben en la normativa argentina como un elemento que permite la reducción de penas para empresas a través de la celebración de acuerdos de colaboración o la exención de responsabilidad cuando se cumplen los requisitos establecidos en el art. 9 de la ley 27.401. Además, se consideran un requisito para aquellas compañías involucradas en contrataciones con el Estado nacional por montos mayores a los determinados por la misma ley. Es decir que a las PyMEs argentinas debería importarles por estar incluido en la normativa doméstica.


Sin embargo, el Programa de Integridad es mucho más que un elemento de protección para disminuir penas o una oportunidad de negocios con el Estado. El Programa de Integridad tiene diversos beneficios adicionales para las empresas. Estos beneficios se podrían resumir en las ideas que se detallan a continuación:


1. Mayor integridad implica mayor eficiencia


En general, cuando las empresas escuchan hablar de Programas de Integridad, se imaginan procedimientos burocráticos que sólo aumentaran los costos. Sin embargo, esto es falso.


Un Programa de Integridad bien implementado no requiere de grandes recursos, y puede ayudar a mejorar y hacer más eficientes los procesos internos. Especialmente en las PyMEs, los canales de denuncia y los procesos de identificación de riesgos han servido para encontrar fallas y problemas en las operaciones. Tomar el tiempo para observar los procesos existentes, conversar abiertamente con los empleados e incorporar cambios, permite mejorar e implementar ideas innovadoras. Los Programas de Integridad ayudan a conocer mejor la empresa, relevar oportunidades de mejora en los procedimientos y generar la confianza en los colaboradores para levantar la voz y hablar de los desafíos y espacios de optimización que tiene la organización.


2. Mayor integridad, mejores negocios


Como ya fuera mencionado, para realizar ciertos contratos con el Estado nacional es necesario implementar un Programa de Integridad. Adicionalmente, las grandes empresas multinacionales también requieren a sus proveedores y socios de negocios la implementación de tales programas. De acuerdo con el reporte de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OECD por sus siglas en inglés) sobre Cohecho Internacional, un tercio de los casos involucran terceros [2]. Las empresas multinacionales están obligadas a demostrar que sus socios de negocios comparten sus estándares de integridad.

Asimismo, si las PyMEs nacionales están interesadas en ingresar a ciertos mercados con leyes más estrictas en materia de integridad - como Estados Unidos o Europa -, es esencial contar con programas en la temática que demuestren confianza y transparencia.